Detrás de cada presentación hay mucho más que música. Hay amistad, compañerismo, abrazos, esfuerzo compartido y un grupo de personas que trabaja para que chicos y adolescentes encuentren en el arte un lugar donde crecer, sentirse contenidos y construir recuerdos que seguramente los acompañarán toda la vida.

#CoroInfantoJuvenil #MarcosJuárez #Editorial #Semanariomj #Semanario65Años

Por Fernando Molina, Director de SEMANARIO

 

Anoche el Coro Infanto Juvenil Municipal volvió a ofrecer una de esas clases abiertas que dejan una sensación difícil de explicar. Porque sí, cantan bien. Muy bien, en realidad. Con un repertorio siempre cuidado, con un nivel técnico admirable y con un talento que sorprende una y otra vez.

Pero no es de eso de lo que quiero hablar.

Antes de seguir corresponde una aclaración. No soy del todo objetivo para escribir estas líneas. Felipe, mi hijo, forma parte del coro y eso inevitablemente condiciona mi mirada. Sin embargo, también me da la posibilidad de conocer algo que quienes solamente observan desde una butaca quizás no alcanzan a ver. Me refiero al detrás de escena.

Y ahí es donde aparece la verdadera dimensión de este grupo.

Al frente está María José, acompañada ahora por Cande y con el aporte invalorable de la profe Luz. Entre las tres han logrado construir algo mucho más importante que un coro. Han creado un espacio que contiene, que abraza, que escucha y que acompaña.

Los martes y los miércoles no son solamente días de ensayo. Son días de encuentro. Son horas en las que los chicos dejan por un rato las pantallas, las preocupaciones y las exigencias cotidianas para encontrarse con amigos, compartir una pasión y sentirse parte de algo.

Y eso se nota.

Se nota cuando se alientan entre ellos. Cuando festejan los logros ajenos como propios. Cuando se abrazan después de una presentación. Cuando alguien necesita una mano y siempre aparece otro dispuesto a ayudar.

Todo aquello que los padres soñamos para nuestros hijos aparece, de una manera u otra, en ese grupo. El respeto por el otro. La amistad. La empatía. El trabajo en equipo. La alegría por los logros compartidos.

Pero sería injusto detenerse solamente en las docentes. Detrás de cada presentación, de cada viaje, de cada actividad y de cada proyecto, hay también una comisión de padres que trabaja de manera silenciosa y constante. Son quienes colaboran, organizan, acompañan y ayudan a que muchas de las cosas que el público ve sobre el escenario puedan hacerse realidad.

Porque el coro también es eso, una construcción colectiva donde cada uno aporta desde el lugar que le toca.

En tiempos donde pareciera que el individualismo gana terreno, el coro propone exactamente lo contrario. Propone construir juntos.

Por eso creo que el Coro Infanto Juvenil Municipal es uno de esos pequeños tesoros que tiene Marcos Juárez. De esos que a veces están tan cerca que corremos el riesgo de no valorar lo suficiente.

Esta semana la música fue noticia por despedidas dolorosas, por artistas que dejaron una huella imborrable y por la nostalgia que generan quienes ya no estarán. Pero también fue noticia por estas otras historias. Por espacios que siguen creciendo y multiplicando encuentros. Por grupos que reúnen a chicos alrededor de una pasión común. Por docentes que enseñan mucho más que música. Por familias que acompañan. Por amistades que se fortalecen.

Y por una comunidad que todavía es capaz de construir lugares donde el afecto, el respeto y el trabajo en equipo siguen teniendo valor.

Y sí, además cantan bien.

Pero lo más importante es otra cosa.

Lo más importante es que hay amor.

Y parafraseando al Míster… “si no hay amor, que no haya nada”.