Los pequeños grandes artistas de Marcos Juárez fueron protagonistas del cuarto Festival de Coros Infanto Juveniles en el Teatro del Lago de Villa Carlos Paz, donde compartieron escenario con la Sinfónica de esa ciudad. En tiempos donde muchas veces sobresalen el individualismo, los malos tratos y la falta de empatía, el coro vuelve a mostrar otra manera de construir. Con compañerismo, afecto, buenos vínculos y un enorme sentido de pertenencia.
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El Coro Infanto Juvenil Municipal de Marcos Juárez volvió a vivir este sábado una de esas experiencias que seguramente quedarán guardadas entre los mejores recuerdos de sus integrantes.
Bajo la dirección de María José Payero, junto a las profesoras Candelaria Tisera y Luz Chocobare, los coreutas marcosjuarenses viajaron hasta Villa Carlos Paz para participar del cuarto Festival de Coros Infanto Juveniles, que tuvo como escenario nada menos que al Teatro del Lago.
Allí, los pequeños grandes artistas de nuestra ciudad compartieron una jornada de música y encuentro junto a otros coros, y tuvieron además la posibilidad de interpretar diferentes canciones acompañados por la Sinfónica de la ciudad de Villa Carlos Paz.
Fue una noche de esas en las que resulta difícil quedarse solamente con lo que sucede arriba del escenario. Porque detrás de cada canción, de cada presentación y de cada viaje existe un trabajo que va mucho más allá de aprender a cantar.

El Coro Infanto Juvenil Municipal se ha convertido con el paso del tiempo en un verdadero espacio de pertenencia. Un lugar donde se aprende música y canto coral, pero también donde se construyen vínculos, compañerismo, compromiso y valores.
Y quizás eso adquiera todavía más valor en estos tiempos. Tiempos en los que tantas veces parece imponerse el individualismo, donde los malos tratos, la falta de empatía y algunas de las miserias humanas encuentran espacio incluso en los lugares más preponderantes de nuestra sociedad. Frente a eso, espacios como este muestran que también es posible construir desde otro lugar.
Porque dentro del coro reina otra lógica. La lógica del compañerismo, los buenos vínculos, el afecto, la empatía y la alegría por lo que consigue el otro. Los chicos aprenden que para que una canción suene bien no alcanza con una sola voz, sino que hacen falta todas. Y quizás, sin proponérselo, allí haya una enseñanza mucho más grande que la estrictamente musical.
Nada de eso sería posible sin un equipo que empuja permanentemente. Las profesoras, los chicos y también las familias, con una comisión de padres que trabaja incansablemente para que los coreutas puedan participar de encuentros y vivir experiencias como la de este sábado.

Carlos Paz regaló otra noche mágica. Una más para un coro que en cada escenario demuestra talento, pero fundamentalmente transmite algo todavía más difícil de enseñar. Las ganas de estar juntos, de compartir, de cuidarse y de sentirse parte.
Porque quizás allí esté buena parte del secreto de este espacio que abraza a sus chicos y que ellos, en cada nueva experiencia, demuestran cuánto quieren.

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