En el primer trimestre de 2026 el consumo de carne vacuna cayó un 10% y se ubicó en apenas 47,3 kilos por habitante al año, el nivel más bajo en más de dos décadas. La pérdida del poder adquisitivo empuja a las familias a cambiar hábitos en uno de los símbolos más arraigados del país.
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El dato ya no es una percepción: es una tendencia consolidada. Según el último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), el consumo de carne vacuna registró una fuerte caída durante el primer trimestre de 2026.
En números concretos, se alcanzaron las 512,8 mil toneladas, lo que representa un retroceso del 10% en comparación con el mismo período del año pasado. Sin embargo, el dato más contundente aparece cuando se mide el consumo por habitante.
Hoy, cada argentino consume en promedio 47,3 kilos de carne vacuna por año, un nivel que no solo preocupa al sector sino que marca el registro más bajo en más de 20 años. Para dimensionar el cambio, dos décadas atrás el consumo superaba holgadamente los 60 kilos per cápita.
El escenario responde a un contexto económico adverso, donde los ingresos corren por detrás de los precios y obligan a recortar gastos en productos que históricamente formaron parte del consumo cotidiano.
En ese marco, la carne vacuna —emblema cultural y gastronómico del país— empieza a perder terreno frente a alternativas más económicas. El impacto es directo: menos presencia en la mesa diaria y un cambio de hábito que ya no parece coyuntural.
La foto actual refleja algo más profundo que un ajuste pasajero: evidencia cómo la crisis empieza a modificar incluso las tradiciones más arraigadas de la Argentina.
