Cuando tener trabajo ya no alcanza. La pobreza trepó al 32,3% y ya alcanza a unos 15 millones de argentinos. En apenas seis meses, 1,9 millones de personas cayeron bajo la línea de pobreza. Fundación Mediterránea advierte sobre el deterioro de los ingresos. Mientras la canasta alimentaria subió 13,3% en el primer trimestre, los salarios registrados apenas avanzaron 4,1%.
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La inflación bajó, pero la pobreza volvió a subir. Y detrás de esa aparente contradicción aparece uno de los datos económicos que marca el escenario actual, para millones de argentinos, los ingresos no alcanzan para acompañar el costo de las necesidades básicas.
El INDEC informó que durante el primer semestre de 2026 el 32,3% de las personas quedó por debajo de la línea de pobreza. La indigencia, en tanto, alcanzó al 7,5% de la población.
Traducido a personas, el análisis de IERAL–Fundación Mediterránea estima que unos 15 millones de argentinos son pobres y alrededor de 3,5 millones son indigentes.
Después del pico del 52,9% registrado durante el primer semestre de 2024, el indicador había descendido al 38,1% en la segunda mitad de ese año, al 31,6% en el primer semestre de 2025 y finalmente al 28,2% en el segundo semestre. Ahora volvió al 32,3%.
Según Fundación Mediterránea, esto significa que alrededor de 1,9 millones de personas cayeron en la pobreza en apenas seis meses, mientras que otras 538 mil pasaron a la indigencia.
El problema cambió de lugar
Durante buena parte de los últimos años, la inflación fue el principal mecanismo de deterioro del poder adquisitivo. Ahora, con un ritmo de aumento de precios considerablemente menor al de los momentos más críticos, aparece con mayor claridad otro problema, los ingresos no logran acompañar el costo de las necesidades básicas.
Es el punto central que también plantea el análisis periodístico. El problema ya no pasa solamente por los precios y la inflación, sino por el empleo y por salarios que no alcanzan.
Los números ayudan a dimensionarlo.
Durante el primer trimestre de 2026, la Canasta Básica Total aumentó un 10,9% y la Canasta Básica Alimentaria trepó un 13,3%. En ese mismo período, los ingresos nominales de los asalariados registrados crecieron apenas un 4,1%.
Los trabajadores independientes mejoraron sus ingresos un 5,6% y la Asignación Universal por Hijo aumentó un 7,8%. Los únicos que superaron la evolución de la Canasta Básica Total fueron los asalariados no registrados, con una suba del 12,2%, aunque tampoco consiguieron alcanzar el incremento de la canasta alimentaria.
La comparación es contundente, mientras los alimentos aumentaron 13,3%, los ingresos de los trabajadores registrados crecieron apenas 4,1%.
Tener trabajo tampoco garantiza escapar de la pobreza
Ahí aparece el segundo componente señalado por Fundación Mediterránea y es la calidad del empleo.
El instituto viene advirtiendo sobre un deterioro en la composición del mercado laboral, con pérdida de terreno del empleo asalariado privado formal frente al trabajo informal y por cuenta propia.
No es un detalle menor. Aproximadamente ocho de cada diez pesos que ingresan a los hogares provienen del trabajo.
Por eso, cuando los ingresos laborales pierden frente a las canastas básicas o el empleo formal es reemplazado por modalidades más precarias, el impacto termina trasladándose directamente sobre los niveles de pobreza.
Un análisis previo de la propia Fundación había señalado que, sobre unos 21 millones de ocupados, más de 3,7 millones buscaban otro empleo o necesitaban trabajar más horas.
La discusión, entonces, ya no pasa solamente por tener o no tener empleo. También pasa por qué trabajo se consigue y cuánto permite comprar ese ingreso.
La clase media es la que más sintió el deterioro
El informe incorpora otro dato significativo. El impacto alcanzó con mayor fuerza a sectores medios.
Durante el último año, los ingresos per cápita de los tres deciles más bajos crecieron entre 36,5% y 43,5%, favorecidos en parte por el mayor peso de las transferencias sociales.
Entre los deciles 5 y 8, en cambio, los ingresos aumentaron entre 27,4% y 30,5%, mientras la Canasta Básica Total acumuló un incremento del 31,3% y la alimentaria del 35,9%.
Son hogares que generalmente dependen en mayor medida de los ingresos laborales. Cuando esos ingresos quedan por debajo de la evolución de las canastas, el margen económico se reduce.
Córdoba tampoco quedó afuera
El deterioro también aparece en los números provinciales.
En el aglomerado Gran Córdoba, la pobreza alcanzó al 31,1% de la población, apenas por debajo del promedio nacional del 32,3%.
Comparada con el primer semestre de 2025, la pobreza en Gran Córdoba aumentó 1,6 puntos porcentuales.
Una nueva señal de alarma
Los números dejan una conclusión que excede la fotografía estadística de un semestre.
Argentina consiguió desacelerar significativamente la inflación respecto de los niveles que llevaron la pobreza al 52,9% durante la primera mitad de 2024. Sin embargo, esa desaceleración no impidió que casi dos millones de personas volvieran a caer bajo la línea de pobreza en apenas seis meses.
Fundación Mediterránea señala que el país lleva casi una década sin conseguir perforar de manera sostenida niveles de pobreza cercanos al 30%.
El dato de este primer semestre agrega ahora otro elemento al escenario. Con una inflación más baja, el deterioro de los ingresos y la calidad del empleo volvieron a empujar la pobreza hacia arriba.
Los precios dejaron de ser la única explicación. El foco está ahora también en cuánto se gana, en la calidad del trabajo y, fundamentalmente, en cuánto alcanza ese ingreso a fin de mes.
