Y así van las cosas en nuestra querida ciudad en lo que al oficialismo se refiere. Dellarossa intentando demostrar que sigue siendo el dirigente más competitivo del espacio. Majorel intentando demostrar que todavía tiene mucho para mostrar. Y con ambos insistiendo en que lo importante es permanecer juntos. Seguramente tengan razón.

    La única incógnita es quién terminará arriba cuando llegue el momento de bajarse del juego y anotarse en la boleta.

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Fernando Molina,  Director de Semanario

 

Hay una escena que merece ser declarada de interés político municipal.

Dos dirigentes del mismo espacio recorriendo caminos paralelos mientras explican que lo más importante es la unidad.

Pedro Dellarossa organiza un almuerzo para mostrar volumen político. Sara Majorel convoca a vecinos para mostrar gestión.

Uno reúne dirigentes. La otra reúne obras.

Uno exhibe estructura. La otra exhibe pavimento.

Y ambos aseguran que no están compitiendo. Por supuesto.

Tampoco los chicos que juegan al subibaja intentan quedar más altos que el otro.

Simplemente ocurre.

La política local atraviesa una situación curiosa: todos hablan de unidad y, al mismo tiempo, todos cuentan cuánta gente llevaron, cuántas fotos sacaron y cuántos aplausos recibieron.

Es una interna tan elegante que casi parece un concurso de buenos modales.

Nadie discute. Nadie confronta. Nadie cuestiona.

Pero casualmente cada movimiento parece una respuesta al movimiento anterior.

Lo interesante es que ambos tienen razones para sentirse competitivos.

Dellarossa puede mostrar ocho años de gestión y un apellido con peso propio en la política local.

Majorel tiene algo que en política siempre conserva valor, el poder. Con sus ventajas y sus costos.

Porque gobernar sirve para inaugurar obras, y también para hacerse cargo de los baches.

Por eso, mientras uno muestra respaldo político, la otra acelera la gestión. Y mientras la gestión acelera, el respaldo político también.

Una maravillosa casualidad.

Pero la verdadera protagonista de esta historia todavía no apareció, es la encuesta.

Esa señora silenciosa que no corta cintas, no organiza almuerzos y no se saca selfies.

Pero que suele decidir quién las protagoniza.

Por eso todos hablan de unidad.

La unidad es fantástica, sobre todo cuando ya se sabe quién encabeza.

Hasta entonces, suele parecerse bastante a una sala de espera.

Mientras tanto, el subibaja sigue ahí. Perfectamente equilibrado.

Con Dellarossa intentando demostrar que sigue siendo el dirigente más competitivo del espacio. Con Majorel intentando demostrar que todavía tiene mucho para mostrar.

Y con ambos insistiendo en que lo importante es permanecer juntos. Seguramente tengan razón.

La única incógnita es quién terminará arriba cuando llegue el momento de bajarse del juego y anotarse en la boleta.