Durante este mes, se sostuvo la caída del 8,5 por ciento en las ventas, a pesar de que el mismo mes de 2025 ya había sido negativo en términos de consumo.
La inflación estaría entre el 2,3 y el 2,7 por ciento en la provincia.
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El mes de mayo, que está a punto de terminar, no trajo buenas noticias en términos de consumo. Los primeros indicadores señalan que se mantuvo la caída del 8,5 por ciento en las ventas a pesar de que la comparación se hace con un mes que el año pasado fue negativo en cuanto a ventas.
Y, con respecto a la inflación, se habría repetido o estaría levemente por debajo del 2,6 por ciento registrado durante abril a nivel nacional.
La información surge de los datos preliminares que maneja el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), vinculado al Centro de Almaceneros de la Provincia de Córdoba.
El mes pasado, esa medición arrojó un 2,63 por ciento de inflación, muy similar a la cifra que dio a conocer el Indec para todo el país. “Las ventas siguen estancadas; continúan con un 8,5 por ciento de caída interanual. No repuntan a pesar de que se compara con un mes malo de 2025. Y la inflación va a ser similar a la de abril: entre 2,3 y 2,7 por ciento; quizás haya incluso una baja de una décima con respecto a lo que ocurrió el mes pasado”, manifestó Germán Romero, presidente del Centro de Almaceneros.
Uno de los aspectos que más preocupa a la hora de medir los precios es el comportamiento de los alimentos. Según el relevamiento que viene realizando el Centro de Almaceneros y el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales, durante mayo continúa el incremento de precios en algunos rubros sensibles como lácteos, aceites y harinas. “El aumento de los alimentos podría estar un poco más alto que el promedio de la inflación”, anticipó Romero.
El mes pasado, el IETSE midió una inflación mensual de 2,63 por ciento y se concretó así una desaceleración de 0,7 puntos porcentuales con respecto al mes anterior.
Esa baja, que quebró una tendencia ascendente que se había producido durante 10 meses consecutivos, se produjo por la combinación de tres factores: una menor presión estacional en el rubro educación tras el impacto de la canasta escolar de marzo; la moderación en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, cuyos aumentos se desaceleraron desde el 5,6 al 3,9 por ciento.
También se desaceleraron el mes pasado los incrementos en alimentos y bebidas sin alcohol, que pasaron de tener una suba mensual del 3,6 al 2,1 por ciento.
Sin embargo, ya el mes pasado el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales advertía que todavía faltaban elementos para hablar de una desaceleración consolidada de la inflación. “Debe ser interpretada con cautela. En el caso de los alimentos, el menor ritmo de aumento no responde a mejoras estructurales sino a una marcada contracción de la demanda, producto del deterioro del poder adquisitivo”, decía el informe.
Es decir, es la caída del consumo la que estaría explicando fundamentalmente la pérdida de velocidad en el índice inflacionario de algunos rubros. De ahí que el IETSE haya advertido que no se trató tanto de una situación virtuosa como la consecuencia de un dato negativo de la economía.
