La desvinculación de dos observadoras dejó a la Estación Meteorológica local por debajo del límite operativo. En diálogo con Semanario, Marisa Mazzieri —una de las trabajadoras apartadas tras más de una década de servicio— advierte sobre un sistema que pierde capacidad y pone en duda su continuidad.
El recorte en Meteorología, que impacta de lleno en la actividad del Aeródromo local, se suma a los recortes en Afip, en el Inta y a los grandes problemas de público conocimiento en el PAMI. Decisiones del Gobierno Nacional que hacen de Marcos Juárez una ciudad que retrocede y se achica.
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MARCOS JUÁREZ – El ajuste del gobierno nacional en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya tiene impacto concreto en Marcos Juárez. La desvinculación de dos observadoras no solo deja un vacío laboral sino que expone a la estación local a una situación límite.
Mazzieri ingresó al organismo en 2015, tras una capacitación que implicó inversión estatal, y durante más de 11 años cumplió funciones con turnos rotativos en un esquema clave que es la toma de datos meteorológicos en tiempo real, las 24 horas, los 365 días del año.
Hoy, tras el recorte, la Estación quedó por debajo del mínimo. Apenas tres observadores —todos de origen militar— sostienen el funcionamiento del servicio, cubriendo la totalidad de los turnos. Una estructura exigida al extremo, que abre interrogantes inevitables sobre su sostenibilidad.
El dato no es menor. Según los parámetros de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), se requieren al menos seis observadores para garantizar cobertura completa, incluyendo turnos nocturnos. Por debajo de ese número, el sistema empieza a resentirse y deben ajustarse las horas de servicio.
En ese contexto, la pregunta cae por su propio peso ¿puede seguir operando con normalidad la estación meteorológica de Marcos Juárez? ¿Está en riesgo su continuidad?
Las consecuencias de un sistema debilitado son concretas. Sin datos meteorológicos confiables, distintos sectores estratégicos quedan expuestos.
En aviación, implica tomar decisiones a ciegas ante tormentas, niebla o viento, con riesgo de demoras y cancelaciones. En el plano local, incluso podría verse afectada la operatividad del aeródromo, con la posibilidad de perder categoría a nivel nacional si no se garantiza cobertura en determinadas franjas horarias.
En transporte y logística, la falta de previsión incrementa riesgos en rutas y operaciones, generando accidentes, demoras y pérdidas en la cadena de suministro. En el agro, impacta directamente en la toma de decisiones productivas, mientras que en energía compromete tanto la generación como la previsión de la demanda.
A eso se suma el rol central en la emisión de alertas junto a Defensa Civil, clave para anticipar fenómenos que pueden poner en riesgo a la población.
Sin esa estructura, el impacto es transversal. Se paralizan o debilitan sectores clave como aviación, agro, energía y transporte. Y más allá de lo operativo, se pierde capacidad de prevención, con consecuencias que pueden escalar a daños mayores o incluso pérdidas humanas.
Pero el caso de Marcos Juárez no aparece aislado. Se inscribe en una lógica que ya golpeó a otros organismos en la ciudad. La pérdida de autonomía de la AFIP, ahora dependiente de Bell Ville, los recortes en el INTA y la reducción de distintos servicios nacionales configuran un escenario que se repite.
La meteorología se suma a esa lista.
Un goteo constante que, lejos de ser técnico, empieza a tener impacto directo en la vida cotidiana. Porque detrás de cada recorte no solo hay números. Hay servicios que se degradan, estructuras que se debilitan y una ciudad que, de a poco, empieza a quedar más expuesta.
